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Causa de la lluvia acida

Causa de la lluvia acida

Efectos de la lluvia ácida en el ser humano

La lluvia ácida, o deposición ácida, es un término amplio que incluye cualquier forma de precipitación con componentes ácidos, como el ácido sulfúrico o nítrico que caen al suelo desde la atmósfera en forma húmeda o seca.    Esto puede incluir la lluvia, la nieve, la niebla, el granizo o incluso el polvo que es ácido.

Esta imagen ilustra la vía de la lluvia ácida en nuestro entorno: (1) Las emisiones de SO2 y NOx se liberan al aire, donde (2) los contaminantes se transforman en partículas ácidas que pueden ser transportadas a grandes distancias. (3) Estas partículas ácidas caen luego a la tierra en forma de deposición húmeda y seca (polvo, lluvia, nieve, etc.) y (4) pueden causar efectos nocivos en el suelo, los bosques, los arroyos y los lagos.

La lluvia ácida se produce cuando el dióxido de azufre (SO2) y los óxidos de nitrógeno (NOX) son emitidos a la atmósfera y transportados por el viento y las corrientes de aire. El SO2 y los NOX reaccionan con el agua, el oxígeno y otras sustancias químicas para formar ácidos sulfúrico y nítrico.    Estos se mezclan con el agua y otros materiales antes de caer al suelo.

Aunque una pequeña parte del SO2 y NOX que causa la lluvia ácida procede de fuentes naturales como los volcanes, la mayor parte proviene de la quema de combustibles fósiles.    Las principales fuentes de SO2 y NOX en la atmósfera son:

Lluvia ácida: causas y efectos

Históricamente, ya los antiguos romanos se dieron cuenta de que los árboles morían en las zonas próximas a las fábricas que procesaban galena (sulfuro de plomo). La relación entre la contaminación del aire y la lluvia ácida fue descubierta por primera vez en 1852 en Londres (que estaba muy contaminada en aquella época) por el químico escocés Robert Angus Smith (1870-1884) [1]. El gobierno británico aprobó en 1863 la Ley de Álcalis para frenar las emisiones ácidas, y Smith fue nombrado primer inspector jefe de la Inspección de Álcalis.

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A mediados de la década de 1970 se observó por primera vez la muerte de los bosques en Alemania, así como en Europa Central, Oriental y del Norte[2]. Ya entonces, diversas partes interesadas exigían un aire más limpio. A finales de los años setenta, la muerte de los bosques a gran escala y el fuerte aumento de la acidificación de los lagos se relacionaron con la lluvia ácida. Algunos lagos de Suecia parecían cristalinos: ya no contenían vida; su pH era equivalente al del ácido acético (pH 3).

Los efectos de la lluvia ácida son daños en las hojas y en el sistema radicular (muerte de las raíces finas, reducción de la capacidad reproductiva y menor micorrización. La micorriza denota la asociación simbiótica de un hongo y las raíces de las plantas superiores que es necesaria para la absorción de nutrientes y, por tanto, para un crecimiento saludable [3]. Las plantas ya dañadas por la lluvia ácida son más sensibles a las infecciones fúngicas, los ataques de insectos y las epidemias. Otros efectos de la lluvia ácida son la acidificación del suelo y de las masas de agua (ríos, arroyos, lagos, océanos), lo que produce alteraciones de los sensibles equilibrios ecológicos. Los productos de las reacciones de neutralización en el suelo contienen importantes minerales de potasio, magnesio y calcio que pueden ser arrastrados, disminuyendo el contenido de nutrientes del suelo y perdiendo su importante capacidad de amortiguación, lo que provoca una drástica reducción del pH. Con un pH bajo, ciertos metales como los iones de aluminio y de hierro se liberan de la parte rocosa del suelo; esto daña el suelo y las plantas, destruye las raíces, perjudica el crecimiento de las plantas y produce una mayor susceptibilidad a las enfermedades.

Cuáles son los efectos de la lluvia ácida

La sección principal de este artículo puede ser demasiado corta para resumir adecuadamente los puntos clave. Por favor, considere la posibilidad de ampliar la cabecera para ofrecer una visión general accesible de todos los aspectos importantes del artículo. (Marzo 2021)

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La lluvia ácida es la lluvia o cualquier otra forma de precipitación que es inusualmente ácida, lo que significa que tiene niveles elevados de iones de hidrógeno (pH bajo). La mayor parte del agua, incluida la que bebemos, tiene un pH neutro que oscila entre 6,5 y 8,5, pero la lluvia ácida tiene un nivel de pH inferior a éste y oscila entre 4 y 5 de media[1][2] Cuanto más ácida sea la lluvia ácida, más bajo será su pH[2] La lluvia ácida puede tener efectos nocivos para las plantas, los animales acuáticos y las infraestructuras.

La lluvia ácida está causada por las emisiones de dióxido de azufre y óxido de nitrógeno, que reaccionan con las moléculas de agua de la atmósfera para producir ácidos. Algunos gobiernos han realizado esfuerzos desde la década de 1970 para reducir la emisión de dióxido de azufre y óxido de nitrógeno a la atmósfera. Estos esfuerzos han tenido resultados positivos debido a la amplia investigación sobre la lluvia ácida que comenzó en la década de 1960 y a la información publicada sobre sus efectos nocivos[3]. La principal fuente de compuestos de azufre y nitrógeno que dan lugar a la lluvia ácida es antropogénica, pero los óxidos de nitrógeno también pueden producirse de forma natural por la caída de rayos y el dióxido de azufre se produce por las erupciones volcánicas[4].

Efectos nocivos de la lluvia ácida

La lluvia ácida es cualquier tipo de precipitación con componentes ácidos que cae al suelo desde la atmósfera. Puede ser húmeda o seca. Cuando los óxidos de nitrógeno (NOx) y el dióxido de azufre (SO2) se liberan a la atmósfera, reaccionan con el agua y crean ácidos sulfúricos y nítricos. Estos compuestos pueden ser arrastrados por las corrientes de aire durante cientos de kilómetros. Vuelven a caer a la tierra en forma de lluvia, aguanieve, granizo, nieve y polvo.

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La mayor parte de la lluvia ácida es causada por los seres humanos en forma de quema de combustibles fósiles. Un porcentaje muy pequeño de la lluvia ácida se debe a causas naturales, como los volcanes o los incendios forestales. La mayor fuente de contaminantes que producen lluvia ácida procede de las centrales eléctricas que queman carbón para producir electricidad, así como de los coches, camiones, autobuses y vehículos de construcción que emiten óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre en forma de gases de escape.

Los contaminantes que provocan la lluvia ácida también causan smog y contaminación por partículas finas, ambos perjudiciales para la salud humana.    Como la contaminación atmosférica basada en el azufre y el nitrógeno recorre largas distancias, es un problema para todos -y para todo- a sotavento de la chimenea o del tubo de escape, no sólo para los que están cerca de las centrales eléctricas.

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